LOCO TIEMPO, microrrelato en NGC 3660
17 abril, 2009
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17 abril, 2009
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1 noviembre, 2008
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12 mayo, 2007
El otro relato aparecido en Necronomicón 14, junto a El Saludo.
El cielo estaba adquiriendo la consistencia de la melaza fría. Las naves de ataque saturaban todo el firmamento que se podía divisar, normalmente, desde las torres de la única gran ciudad en que se había
convertido el planeta.
El contraataque, por el contrario, fue en otro plano de la realidad, en un subespacio convergente con las naves enemigas; sus comandantes no se esperaban esa clase de ataque, sus espías no habían informado de nada parecido, ni sus científicos tenían noticia alguna de esa subestructura del espacio- tiempo.
Las naves defensoras aparecían súbitamente como un punto cuasi microscópico, como esas motas que sólo se vislumbran con el rabillo del ojo, pero que cuando intentas definirlas, desaparecen. Así era el ataque; convergían los átomos de las naves en un continuum definido por la posición de la nave enemiga, dejaban sus cargas de explosivo, y desaparecían de nuevo.
Los tripulantes de las naves enemigas morían sin llegar a saber a ciencia cierta qué ocurría. Posteriormente, se dieron cuenta de la aparición de esos puntos justo antes de la detonación; pero entonces, evidentemente, era demasiado tarde. Las miles de naves enemigas fueron destruidas en breves momentos, y el espacio volvió a estar despejado de nuevo, ya que incluso la subestructura absorbía los restos.
Así, el pueblo del planeta Dementer IV, gracias a su increíble capacidad de adaptarse a casi cualquier situación, salió vencedor una vez más.
No en vano, habían resistido durante siglos los intentos de invasión por parte de los ejércitos de cientos de planetas.
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12 mayo, 2007
El otro relato aparecido en Necronomicón 14, junto a El Saludo.
El cielo estaba adquiriendo la consistencia de la melaza fría. Las naves de ataque saturaban todo el firmamento que se podía divisar, normalmente, desde las torres de la única gran ciudad en que se había
convertido el planeta.
El contraataque, por el contrario, fue en otro plano de la realidad, en un subespacio convergente con las naves enemigas; sus comandantes no se esperaban esa clase de ataque, sus espías no habían informado de nada parecido, ni sus científicos tenían noticia alguna de esa subestructura del espacio- tiempo.
Las naves defensoras aparecían súbitamente como un punto cuasi microscópico, como esas motas que sólo se vislumbran con el rabillo del ojo, pero que cuando intentas definirlas, desaparecen. Así era el ataque; convergían los átomos de las naves en un continuum definido por la posición de la nave enemiga, dejaban sus cargas de explosivo, y desaparecían de nuevo.
Los tripulantes de las naves enemigas morían sin llegar a saber a ciencia cierta qué ocurría. Posteriormente, se dieron cuenta de la aparición de esos puntos justo antes de la detonación; pero entonces, evidentemente, era demasiado tarde. Las miles de naves enemigas fueron destruidas en breves momentos, y el espacio volvió a estar despejado de nuevo, ya que incluso la subestructura absorbía los restos.
Así, el pueblo del planeta Dementer IV, gracias a su increíble capacidad de adaptarse a casi cualquier situación, salió vencedor una vez más.
No en vano, habían resistido durante siglos los intentos de invasión por parte de los ejércitos de cientos de planetas.
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16 abril, 2007
Las mandíbulas de aquel extraño planeta azul estuvieron a punto de tragarse a la nave con toda su tripulación.
Evidentemente, tal maniobra del planeta pilló desprevenido a todo el mundo a bordo del cohete. Y no porque no les hubiera pasado anteriormente cosas similares, sino porque no esperaban nada parecido de un planeta azul. Y menos de uno tan frío, supuestamente incapaz de albergar vida inteligente, como parecía ser este, al ser el tercero a partir de su sol.
De todas maneras, intentaron solventar la situación sobriamente, dada su larga experiencia en el espacio profundo.
Desde el planeta llamado Tierra por sus habitantes, se sintieron defraudados al ver que su salva de saludo de fuegos artificiales universales era pasada por alto por aquella nave. La gran explosión planetaria, elegida por todos los pueblos como saludo, que se asemejaba a una gran flor, embelleció el cielo durante unos momentos; cuando su fulgor menguó, vieron que la nave había dado unos bruscos bandazos, como si se hubieran encontrado meteoritos en su trayectoria.
Pero en unos momentos, la alegría del primer contacto reapareció, pues vieron que desde la nave lanzaban unos fuegos de artificio en respuesta a su saludo.
Desde la nave, el capitán ordenó el contraataque contra aquel planeta que les había atacado. Un par de descargas serían suficientes —pensó—; pero era mejor no arriesgarse, y lanzó una salva completa.
Incluso, para mayor seguridad del tránsito en la zona, lo mejor sería destruir el sol de aquel sistema.
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27 febrero, 2007
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27 febrero, 2007
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