dic 11

Tenia moltes ganes de tornar a escriure després d’un temps d’inactivitat per un període d’exàmens i de desgana, crec que elegit bon tema per a reenganxar-me. Vull parlar de una notícia que està de màxima actualitat, en efervescència podríem dir.
Parle d’una dona que tots coneixem, una activista pels drets del seu país i pels Drets Humans, que va més enllà, que està disposta a morir per un ideal, una idealista de les que ja no queden, per desgràcia. Aminatou Haidar, és el seu nom.

El poble saharaui ha sofrit molt durant tota la seua història, mai ha tingut un autogovern propi; la lluita per la autodeterminació es difícil i complicada pel poder que tenen les forces colonialistes. La Espanya franquista ocupà la zona i explotà les seues matèries primeres com són la pesca i l’extracció de fosfats, on constitueix un del jaciments més importants del món. Però després de la etapa de colonització espanyola, va vindre la del seus veïns marroquins, fins als nostres dies, on encara no gaudeixen de sobirania pròpia.

Per aquest motiu sorgiren el Front Polisario, entre altres grups independentistes. Aquesta flama política, es personalitza actualment en l’Aminatou Haidar, perseguida i reprimida pel Govern marroquí. Aquest institució tan tolerant i democràtica la va empresonar a set mesos de presó. Amnistia Internacional, que havia enviat un observador per cobrir el judici, immediatament publicà grans crítiques contra el govern marroquí, reafirmant la seva postura que es tractava d’una presonera de consciència.

El 13 de novembre de 2009, Haidar fou arrestada en el seu retorn a Al-Aaiun, capital del Sàhara Occidental, després d’un viatge als EUA per a rebre un premi en favor dels drets humans. L’endemà, l’activista fou redirigida a l’aeroport de Lanzarote on inicià una vaga de fam en protesta al bloqueig a la seva entrada al país saharauí.
Fins l’angoixa actual on la situació va apropant-se a la tragèdia, 25 dies de vaga de fam, per una justa reclamació tornar al seu país, ni més ni menys. Aquesta situació compromesa ha sigut gràcies a Marroc, al govern del senyor del talant, al Rei; molt amiguet del Mohamed VI, entre altres personatges, com el premi Nobel de la Pau.

 

nov 14

Artículo de Joaquim Sempere, enviado por un compañero vía e-mail. Es muy interesante para comprender la actualidad del conflicto actual.

Para entender, de una vez por todas, el tema de los “piratas” de Somalia. Un análisis breve y sencillo del Profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona, Joaquim Sempere.

En 1991 se hundió el orden político de Somalia, país que sucumbió a una guerra civil empeorada por la intervención estadounidense. El colapso político dejó la sociedad somalí sin defensas, situación que fue aprovechada por navíos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros países para verter en sus aguas grandes cantidades de residuos tóxicos y radioactivos. El abuso se hizo visible cuando, en 2005, un tsunami depositó en las playas y costas somalíes bidones corroídos y otras muestras de estos residuos. Según el enviado de las Naciones Unidas en Somalia Ahmadou Ould-Abdallah, la porquería tóxica acumulada en pocos días por la catástrofe marina provocó úlceras, cánceres, náuseas y malformaciones genéticas en recién nacidos y, al menos, 300 muertes.

Pero las desgracias no terminan ahí. Aprovechando el desgobierno, una multitud de barcos de pesca empezó a faenar en las aguas frente al país, incluidas sus aguas territoriales. En 2005 se calculó que pescaron allí unos 800 barcos de distintos países, muchos de ellos europeos y, más específicamente, españoles. Se estima que los ingresos generados durante un año por esta pesca extranjera ilegal ascendía a 450 millones de dólares. El resultado fue la rápida disminución de unas reservas pesqueras que eran el principal recurso para las comunidades de pescadores del país, catalogado como uno de los más pobres del mundo.

Un reportaje de Al Yazira informa de que grupos de somalíes trataron de constituir un cuerpo autodenominado “Guardacostas Voluntarios de Somalia”, reuniendo dinero con el que pagar a la empresa estadounidense Hart Security, que se dedica a entrenar y formar luchadores y mercenarios por todo el mundo –y que, años más tarde, ha actuado como mediadora para el cobro de rescates en aquellas mismas aguas: ¡negocio redondo!–. Al parecer, hubo intentos de esos guardacostas voluntarios de negociar con los buques de pesca extranjeros para que dejaran de faenar o pagaran un impuesto para seguir haciéndolo, intentos que resultaron fallidos. El desenlace final fue lo que hoy se califica como piratería somalí. En un país plagado de armas, desgarrado por bandas rivales y sometido a una situación económica desesperada, un desenlace así no debería sorprender. A la vista de lo anterior es legítimo preguntarse: ¿quiénes son, en esta historia, los verdaderos piratas?
Hay en España quien propone que los atuneros españoles (que son sobre todo vascos) lleven militares a bordo para disuadir a los piratas. En el Parlamento vasco, los votos del PP y el PNV han hecho posible el pasado 8 de octubre aprobar una moción en esta línea. El Congreso ya lo había descartado meses antes arguyendo que la legislación española no lo permite. Francia sí lo permite, y hace tiempo que en el Índico los barcos de pesca franceses llevan militares a bordo. Pero esta diferencia es de detalle: ambos países lograron que el 10 de diciembre de 2008 los ministros de Defensa de la Unión Europea aprobaran la llamada Operación Atalanta contra la piratería somalí, y que se diera luz verde al envío de entre 6 y 10 buques de guerra para “garantizar la seguridad” en el golfo de Adén con el mandato de vigilar las costas de Somalia, “incluidas sus aguas territoriales”.

Estos hechos muestran que el colonialismo no sólo no ha muerto, sino que está tomando nuevos bríos. Y un nuevo aspecto marcado por la crisis de recursos naturales, en este caso la pesca. Las flotas pesqueras de los países ricos, compuestas por buques con capacidad para moverse por todos los mares del mundo, esquilman un caladero tras otro: son las principales culpables de la sobrepesca que desde hace años viene destruyendo la capacidad de regeneración de las especies marinas y preparando un colapso de las capturas a escala mundial. Las primeras perjudicadas son las poblaciones de los países pobres que dependen de la pesca local: ellas carecen de flotas potentes para pescar lejos de sus costas. El caso somalí es uno de los más sangrantes por las circunstancias políticas internas, pero no es el único.
España está recuperando sus blasones imperiales contribuyendo a empobrecer a uno de los países más pobres del mundo. Al hacerlo no sólo comete una injusticia, sino que practica una política sin futuro también para sus habitantes. Porque cuando ya no haya caladeros por explotar en ningún rincón del mundo, ¿qué harán nuestros marineros y pescadores?

Es una indignidad aprovecharse de un país desangrado por una guerra civil y luego mandar a los soldados a defender una causa indefendible que no hace más que profundizar la tragedia de ese pueblo. Y si se quiere mirar desde otra óptica, ¿cuánto nos cuesta mantener la dotación de dos buques de guerra, un avión y 395 efectivos de la Marina española que tenemos destacados en la zona?

El caso tiene su moraleja. Un país desarrollado como España no debe, tras agotar sus propios recursos pesqueros, expandirse por los mares del mundo privando a otras poblaciones más pobres de sus medios de subsistencia, porque agrava la situación de esas poblaciones y las empuja a una resistencia que desemboca en aventuras violentas y salidas militares. La solución hay que buscarla en casa, adaptándose a unos ecosistemas dañados y gestionándolos mejor (por ejemplo, con la piscicultura como alternativa a la pesca), y adoptando medidas previsoras para que nadie se quede sin trabajo y sin fuente de ingresos. Es inquietante que se esté haciendo exactamente lo contrario: optar por la huida hacia delante y por un neoimperialismo ecológico reforzado militarmente que sólo puede redundar en un empeoramiento de la situación.

 

nov 07

L’esperança per canviar el món va començar fa ara més o menys un any, amb la victòria del que pintaven els mitjans de comunicació, com quasi un salvador. Parle de Barack Obama, el primer president afroamericà de la història del Estats Units. El seu “Yes We Can” va triomfar, amb un èxit impensable, indescriptible, el dies de la seua elecció llegies qualsevol diari, d’un país qualsevol, i allí estava ell, irradiant una felicitat carismàtica.

Va prometre moltes coses, des de la retirada de les tropes d’Afganistan, fins el tancament del holocaust de Guantánamo, passant per la ja necessària obertura amb Cuba, o la reforma sanitària. Moltes coses, per a un país on el poder el tenen les grans empreses multinacionals i els rics… Un país on intervenir en l’economia és ni més ni menys que ser enemic de la nació, ser comunista… o inclòs coses pitjors.

Doncs tot pareixia fàcil al principi, superar la política neoliberal i militar de George W. Bush, però s’ha demostrat que el món es difícil de canviar, l’individualisme i l’avarícia que fa el capitalisme el molt difícil de derruir. Obama ha baixat molt en popularitat, treballa poc a poc, amb el que si li permet, ha “nacionalitzat” el Grup General Motors, i al final canviarà la sanitat, però no amb el model que ell volia. La crisi passarà lenta, gràcies entre altres coses a la unió dels governs, però no ens salvaran aquelles grans financeres nord-americanes que algun dia ens van enfonsar.

Pel que fa a l’escena internacional, ha rebut el premi Nobel de la Pau, més per carisma, que per algun fet. Te treball a Hondures, amb el cop d’estat de Micheletti, amb el desarmament nuclear, amb Cuba, amb Afganistan… no se si podrà amb tot.

Es una revolució lenta i molt costosa contra tots, i contra el destí. Jo estic amb Obama, jo sabia que això anava a passar, Estats Units es un camp difícil per treballar en política social bé, es molt complicat per la concepció del món que te la gent.
Després d’un any… tot continua igual, confiem en el “Salvador”.